Embriagado por el sutil perfume
que emana de los recónditos
parajes de tu cuerpo,
me emborracho de tu aroma
y busco la oquedad por donde
penetrar en los rincones de tu esencia.
Arropado entre los extensos pliegues
respiro el dulce néctar de tus pechos,
succionando los efluvios de tu boca,
mientras mis manos delinean
los recovecos ocultos de tu figura.
Absorbo la fragancia que exhalas
por los profundos poros de tu ser
y me evado, envuelto entre caricias
que circundan mi aura voluptuosa.
Floto, atrapado en las nubes del ensueño
y suavemente, deposito en tus entrañas
un reguero blanco de vida.
La plenitud alcanza todos los miembros
en un placentero, sereno y delicado vahído.
El éxtasis ha llegado.