Oct 042017
 

 

Si hay algo de la fotografía que me gusta, es la posibilidad de mirar continuamente un instante, un momento quieto, inalterable en el tiempo.  Un intervalo fugaz guardado como una joya.

Y a partir de ese punto, echar a volar la imaginación. Revivir los momentos alrededor de la imagen, poner en tu mirada los cuadros que rodean el lugar. Y todavía ir más allá. Crear un mundo de sensaciones donde la imaginación no tiene límites.

Lo diferente siempre es atractivo. Somos curiosos por naturaleza y los ojos enfocan nuestra contemplación hacia lo distinto.

Hoy nos han rodeado inmensas piedras graníticas con formas diversas, incluso alguna parece que nos observa serenamente al pasar. Nosotros plácidamente le devolvemos la mirada y absortos seguimos indagando por senderos repletos de enormes rocas.

Las piedras de Bohonal de Ibor nos han llevado por fantásticos mundos, nos han transportado a lejanos paraísos donde realidad e imaginación se han dado la mano para conducirnos por senderos apocalípticos, en los que la vida parecía tomarse un paréntesis.

Sendas polvorientas salpicadas de extrañas rocas bajo un cálido sol, nos han conducido hacia un rio imposible, donde el agua serpenteaba con un color verde esperanza.  A la sombra de árboles que beben de aguas invisibles, la serenidad de la mañana nos ha alimentado y entre caminos, rocas y ríos, al filo de la tarde, nos ha abrumado el pasado romano bajo el arco de Los Mármoles.

Todo esto mirando una fotografía.

¿Qué paraísos perdidos evocaríamos con una colección entera?

 

Jesús Calvo Arbiol

 Posted by at 7:00 am