Sep 062017
 

 

 

El olor a otoño va impregnado los caminos del pirineo. Las nubes que circundan los parajes por donde transitamos se visten de gris plomizo. Hay en el ambiente una sensación de término.

El verano va claudicando y tendremos que emigrar a paisajes más amables, donde sea posible seguir caminando sin que las inclemencias del tiempo sacudan nuestros frágiles cuerpos.

Hoy solo queda disfrutar de este nuestro último día por los escarpados terrenos que dominan el horizonte.

Mirar cómo van quedando a lo lejos los míticos montes,  escrudiñar los caminos salpicados por transparentes ibones, que invitan en días claros y luminosos a penetrar en sus aguas.

Sentir el sonido de escurridizos animales que pueblan estos territorios. Llevarnos en la mochila de la vida todas las sensaciones que hemos acumulado mientras nos perdíamos por las sendas, algunas veces tamizadas por alfombradas hierbas que sirven de pasto a los caballos que surgen en la lejanía.

Y hoy, para terminar el periplo que nos ha traído hasta aquí, tan solo nos queda bajar, bajar, bajar,  dejar atrás lo vivido, y descender pausadamente entre las piedras y rocas que jalonan el áspero camino que da nombre al título de este pequeño artículo.

El Chemin de la Mature.

 

Jesús Calvo Arbiol

 Posted by at 5:09 pm