EXTREMADURA-1

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Sep 272017
 

La primera vez que mis pies pisaron Extremadura, me quedé prendado de su luz. Venía de una ciudad gris, la primavera estaba oculta tras el manto de nubes que día tras día tamizaban el azul del cielo dando un tono melancólico al ambiente.

Era abril, y la luz penetró en mis pupilas inundando de luminosidad la primavera.

Estos días, en los estertores del verano, ha sucedido lo mismo. Salimos de nuestra ciudad con una sensación de otoño. Se olía la lluvia en el ambiente.  El cielo encapotado teñía de penumbra las calles y la imagen que trasladábamos era de opacidad, de abatimiento.

Y al llegar todo fue distinto. La luz se hizo patente, su presencia nos infundo otra vez ánimos renovados. Volvimos a sentir el calor del verano y su azul resplandeciente irrumpió en nuestras retinas.

Disfrutamos sintiendo el calor y el color de sus paisajes, paseamos perdiéndonos por sus sendas. Nos bebimos su esencia y borrachos de su fragancia, gozamos entre sus caminos, pueblos y ciudades.

Hemos conocido algunos rincones con un encanto especial. Otros, se nos han quedado en el tintero, esperando otra ocasión. Confiamos en volver y transitar de nuevo por caminos serenos y transparentes, sugerentes y luminosos, insinuantes y tentadores.

Pero eso será en otra ocasión. Hoy me quedo aquí, prendado de esta luz, contemplando como el tiempo no transcurre a través de esta fotografía que ilustra estas pequeñas palabras.

 

 

Jesús Calvo Arbiol

 Posted by at 10:46 am

CHEMIN DE LA MATURE

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Sep 062017
 

 

 

El olor a otoño va impregnado los caminos del pirineo. Las nubes que circundan los parajes por donde transitamos se visten de gris plomizo. Hay en el ambiente una sensación de término.

El verano va claudicando y tendremos que emigrar a paisajes más amables, donde sea posible seguir caminando sin que las inclemencias del tiempo sacudan nuestros frágiles cuerpos.

Hoy solo queda disfrutar de este nuestro último día por los escarpados terrenos que dominan el horizonte.

Mirar cómo van quedando a lo lejos los míticos montes,  escrudiñar los caminos salpicados por transparentes ibones, que invitan en días claros y luminosos a penetrar en sus aguas.

Sentir el sonido de escurridizos animales que pueblan estos territorios. Llevarnos en la mochila de la vida todas las sensaciones que hemos acumulado mientras nos perdíamos por las sendas, algunas veces tamizadas por alfombradas hierbas que sirven de pasto a los caballos que surgen en la lejanía.

Y hoy, para terminar el periplo que nos ha traído hasta aquí, tan solo nos queda bajar, bajar, bajar,  dejar atrás lo vivido, y descender pausadamente entre las piedras y rocas que jalonan el áspero camino que da nombre al título de este pequeño artículo.

El Chemin de la Mature.

 

Jesús Calvo Arbiol

 Posted by at 5:09 pm