Ago 092017
 

Subiendo por las empinadas laderas del Ezkaurre, mis pensamientos tratan de encontrar los pasos que creí dar hace años por estos parajes, pero no encuentro nada. Es como si la niebla que se va acercando mientras subimos se instalara en mi memoria y pusiera un manto blanco que nublara los recuerdos.

Tan solo el nombre resuena en mi interior. ¿Quizás no estuve aquí y he interiorizado la montaña como si fuera mía?, la fragilidad de la memoria a veces nos vacía de sensaciones, nos aleja del pasado para fijarnos en el presente. Y el presente me dice: no te preocupes del pasado, sube, siente, avanza.

Y avanzo envuelto entre nieblas que el viento transporta hacia la cumbre, desdibujando todo lo que nos rodea.

Por momentos estoy en cualquier monte, cima, peñasco. Tan solo un mojón de piedras con el nombre tallado me dice que ya estoy, que he llegado, que puedo acoplar a mi memoria esta cima.

Ahora tan solo queda mirar hacia delante, transitar por los caminos que nos conducen hasta Isaba, donde descansar y reponer fuerzas.

Y entre las sendas, descubrir como la naturaleza altera su faz según el cambiante clima montañoso. La espesa niebla se va desdibujando y lo que era tan solo una intuición se convierte en una certeza. Ahí están los montes a lo lejos, esperando que nuestros pasos los vuelvan a pisar, los verdes campos y los pequeños riachuelos.

Ahí está todo para amasarlo en la memoria y no volver perderlo otra vez.

 

Jesús calvo Arbiol

 Posted by at 8:10 am