PEYREGUET

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Ago 312017
 

 

 

 

La tenue luz que el desparecido sol irradiaba a través de las nubes, nos permitió ver las cumbres que nos iban a acoger esa mañana. El Peireguet era nuestro destino, pero no podíamos sustraernos al coloso Midi d’ Ossau que nos iba a provocar, a tener que mirarlo continuamente, ya que sus oscuros paredones nos acompañaron durante el trayecto hasta la cúspide del Peireguet.

La mañana traía un olor a lluvia tras la ligera brisa que nos acompañó, una armonía que se terminó fundiendo con las oscuras nubes en pequeños goterones. Pero los pronósticos  que últimamente nos asisten, auguraban poca lluvia. Apenas unas gotas, poco más que un rocío mañanero. Y no nos defraudaron.  La fina capa de lluvia se evaporó, como si hubiera sido un suspiro que los nubarrones nos hubieran regalado.

Nos bebimos la precipitación en la cumbre ávidos de agua y gozo y las caras de satisfacción surcaron los accesos hacia el destino final de nuestro viaje.

Tras dejar atrás las duras rocas de la bajada, el sendero se fue abriendo en explanada de fértil hierba.

Así el camino se hizo más llevadero, y nos permitió husmear el territorio en busca de fugaces flores y de huidizos animales. Una marmota nos estuvo contemplando a lo lejos, sin atreverse a saludar. Una familia numerosa de corzos rumiaba algo a lo lejos, pero no llegó con claridad a nuestros oídos. Para ver a la vaca pastar llegamos tarde, los buitres tan solo había dejado la piel y los huesos a la orilla de un ibón.

La ruta estaba concluyendo y el paraje todavía nos regaló un pequeño sendero regado de árboles que mitigó el sol que poco a poco se escapaba entre las nubes tormentosas.

Al filo de la tarde, y otra vez cumpliendo los pronósticos, la lluvia intensa e insistente, nos escoltó tras los cristales turbios del autobús hasta nuestro regreso a la morada.

 

 

Jesús Calvo Arbiol

 

 Posted by at 6:15 am

LAPAZARRA Y LA PAQUIZA

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Ago 232017
 

Puede ser por intuición, por un sexto sentido, por la pequeña caída desde la bicicleta, o simplemente por la realidad que te golpea de vez en cuando. Que tu cuerpo no siempre está en las mismas condiciones físicas.

El caso es que este pasado domingo no seguí los pasos de la mayoría. Y como se suele decir, fui un poco dominguero. Tan solo un pequeño paseo por las inmediaciones de Lapazarra. Una caminata suave y relajante que terminó sobre las 14 horas.

Allí se quedó el resto. Después de coronar Lapazarra, directos hacia La Paquiza. El día era perfecto, los semblantes risueños, la determinación instalada en sus caras y  poco a poco desaparecieron entre los árboles y los recodos del camino.

La medida del tiempo no es igual para todos. No la siente de la misma forma el que espera que el que transita. El que anda lleva el tiempo en su marcha, al que aguarda, el tiempo le golpea minuto a minuto,  le cae constantemente y se agolpa como pesadas losas de angustia.

Y nosotros esperando. Ya es tiempo del regreso, hace mucho que tendrían que estar aquí. Habrá pasado algo.

En este tiempo de la comunicación, los minutos y las horas se hacen eternos sin ella. Móviles, satélites, datos, wifi. Y la espera, al filo de la penumbra de la noche, vacía de noticias.

Y fue entonces cuando a lo lejos un pequeño reguero de desesperados caminantes apareció con sonrisas crispadas, a la voz de “no ha pasado nada”,” tan solo una aventura que ha resultado más larga de lo esperado”.

Los problemas, una vez superados, tan solo son parte de nuestros recuerdos. Pasan a ser cicatrices que jalonan nuestro carácter.

Alguien se preguntará ¿Qué paso?, pero eso ya es otro cuento. Yo solo cuento el mío. Lo de los demás, si es a través de mis palabras se convertirán en ficción, en literatura. Y hoy esto no va de eso… O quizás sí.

 

Jesús Calvo Arbiol

 Posted by at 8:45 am

OTXOGORRIGAÑE Y BARAZEA

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Ago 162017
 

Una tenue luz a lo lejos, tamizada por nieblas que se van evaporando, nos augura buen día para luchar contra las montañas que jalonan el paisaje.

En silencio y con los rostros serios, clavamos la mirada en dirección hacia la primera dificultad de la mañana. Pequeñas subidas y bajadas, y largos caminos de pendientes llevaderas nos acercan al promontorio donde clavaremos los bastones en señal de victoria. El Otxogorrigañe está vencido. Las huestes venidas desde la capital hemos hollado la cima sin el menor atisbo de problemas.

Después de reponer fuerzas con unas viandas y otear el horizonte en busca de acometer el mejor camino de la próxima cima, bajamos en armoniosa desbandada, siguiendo el instinto peculiar de cada uno.

Apenas sin sufrir bajas en la propia bajada, reagrupamos los efectivos y reanudamos la marcha en pos del nuevo reto.

Esta vez, las empinadas laderas presagiaban un esfuerzo mayor por nuestra parte. Pero los dioses están de nuestro lado, y en un lento pero determinado caminar, ayudados por bastones que clavábamos sin remordimiento sobre la hierba que brota de la pendiente,  nos acercamos hasta la cima. Todavía nos queda una pequeña dificultad. Un estrecho camino bordea la cresta hasta la cumbre y con una hilera de determinación terminamos venciendo a la montaña.

Bajamos henchidos de gozo y con la prudencia necesaria para reagruparnos de nuevo y marchar en pos de la nave que nos llevara de regreso al hogar.

Pero las sendas no están exentas de peligro. Y en la pedregosa y pronunciada pendiente, casi perdemos a dos de nuestros aguerridos senderistas.

La expedición ha terminado. En el recuento de bajas tan solo señalar al final, un leve corte, la recuperación de una pérdida y alguna magulladura en el profundo interior de la razón.

 

Jesús Calvo Arbiol

 

 Posted by at 3:49 pm

EZKAURRE

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Ago 092017
 

Subiendo por las empinadas laderas del Ezkaurre, mis pensamientos tratan de encontrar los pasos que creí dar hace años por estos parajes, pero no encuentro nada. Es como si la niebla que se va acercando mientras subimos se instalara en mi memoria y pusiera un manto blanco que nublara los recuerdos.

Tan solo el nombre resuena en mi interior. ¿Quizás no estuve aquí y he interiorizado la montaña como si fuera mía?, la fragilidad de la memoria a veces nos vacía de sensaciones, nos aleja del pasado para fijarnos en el presente. Y el presente me dice: no te preocupes del pasado, sube, siente, avanza.

Y avanzo envuelto entre nieblas que el viento transporta hacia la cumbre, desdibujando todo lo que nos rodea.

Por momentos estoy en cualquier monte, cima, peñasco. Tan solo un mojón de piedras con el nombre tallado me dice que ya estoy, que he llegado, que puedo acoplar a mi memoria esta cima.

Ahora tan solo queda mirar hacia delante, transitar por los caminos que nos conducen hasta Isaba, donde descansar y reponer fuerzas.

Y entre las sendas, descubrir como la naturaleza altera su faz según el cambiante clima montañoso. La espesa niebla se va desdibujando y lo que era tan solo una intuición se convierte en una certeza. Ahí están los montes a lo lejos, esperando que nuestros pasos los vuelvan a pisar, los verdes campos y los pequeños riachuelos.

Ahí está todo para amasarlo en la memoria y no volver perderlo otra vez.

 

Jesús calvo Arbiol

 Posted by at 8:10 am

LESCÚN

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Ago 012017
 

 

 

Henchido de sensaciones, hemos llegado al final del trayecto.  Lescún estaba esperando para hacer los honores y en sus cercanías nos hemos repuesto físicamente antes de emprender el camino de vuelta a la rutina diaria.

Nos llevamos demasiadas cosas en la retina para asimilarlas en poco tiempo. Es la pena de nuestro cuerpo, de nuestra memoria, frágil y voluble, capaz de encontrar caminos no transitados, cumbres no holladas, situaciones no vividas, sino transmitidas por otros con labia embaucadora.

Hoy la vista nos ha deparado tal cantidad de parajes, que nos han dejado huérfanos de palabras para describir con meridiana nitidez todo lo que  a nuestro alrededor iba surgiendo.

Míticas cimas al fondo, relajantes caminos bajo nuestros pies, pequeñas montañas que cuando uno se aleja toman un tamaño deslumbrante.

Y al girar de unas piedras que elevan su figura hacia la nada, la nada, el todo, la inmensidad hecha paisaje. El valle que te espera para, a derecha e izquierda,  ofrecerte sus montañas de grises y verdes, alfombradas en las laderas de coloridas florecillas.

Y cuando ya piensas que todo será así, el bosque te ofrece el fresco verdor de su sombra, su camino transitable, su serena quietud.

Pero la quietud del bosque también termina, y surgen de nuevo, inesperadamente,  diferentes horizontes, peñascos adornados de frescura, envueltos en pequeños nebulosas, brumas aterciopeladas huyendo suavemente hacia destinos inabarcables, ligeras nieblas que dan al contorno, una expresión de cuento.

Y el cuento se va acabando, solo nos queda la fragancia del camino en nuestras botas, los valles hallados en la memoria reciente y para recordar de verdad que estuvimos, la fotografía que enseñaremos a nuestros nietos en tardes de tormenta, recostados en el sofá y con un hilillo de nostalgia en nuestros ojos.

Jesús Calvo Arbiol

 

 Posted by at 3:15 pm