MONCAYO

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Jul 082017
 

Hay montes que son algo más que una referencia, son leyenda en los sentidos, resonancias de los antepasados, icono repetitivo de los recuerdos nostálgicos de tus orígenes.

Monteagudo mira constantemente hacia el Moncayo y en mi mente siempre hay un pequeño resquicio lleno de las palabras Monteagudo y Moncayo.

Así qué era necesario a la vez que retador, subir hasta su cumbre y descubrir en la propia carne, todo el peso de ese remoto pasado.

Todo camino cambia en función de la meteorología y ese día, el sol se prestó desde el principio a acompañarnos por los senderos, y además a hacerlo de manera generosa, golpeando con un fervor veraniego en plena primavera.

Sorprendente resultó también el rumor de agua que sin principio conocido nos acompañó, mitigando el calor que emanaba tanto desde arriba como desde abajo.  La tierra bullía al compás de la energía que irradiaba desde lo alto.

Con estas mimbres, mejor tomarse el trayecto con relajo, la importancia está en llegar, sin importar cuando.

Y al llegar, inundamos los ojos de imágenes hasta el infinito. Estos son los dominios, los lugares que forjaron el carácter de los antepasados, el contacto con una naturaleza rugosa, quebrada, salpicada de llanos donde practicar y desarrollar la agricultura.

Visto desde la cumbre, y con el sol golpeando con fuerza, uno entiende porqué emigraron hacia otros lugares, donde el futuro trazara caminos más suaves y sosegados, más propicios para la vida, que estos ardientes y desolados parajes.

 

Jesús Calvo Arbiol

 Posted by at 9:52 am