Jul 012017
 

 

Un día más, bajar del autobús y dirigir los pasos hacia la cumbre.

Gorreta de los Gabachos le llaman, más qué importa el nombre, la altitud, la distancia.

El camino y sus vicisitudes, la contemplación de la naturaleza, el sentimiento del cuerpo ante la dificultad que uno enfrenta. Esa es la actitud, la meta no está en la cumbre, siempre hay que bajarla, la meta está en llegar pleno de sensaciones y disfrutarlas, incluso algunas veces sufrirlas. No todas las travesías son caminos de rosas, o de bosques frondosos donde el tiempo y la distancia se detienen, hay caminos pedregosos que carcomen la vista, espinas que penetran y castigan el organismo, pesadas situaciones en las que tu rabia vomita palabras malsonantes.

Pero en la balanza siempre predomina el regocijo. Cada vez que paras para tomar aliento y lo que tomas además es la consciencia de lo que has logrado, de donde estas, de qué eres en comparación con lo que la vista te regala. Y lo que promete el más allá, esa cima que se divisa cercana, entre difusas nubes o claros luminosos, entre brumas nostálgicas, bajo un sol radiante que dejará que tus ojos se posen sobre la maravilla de la naturaleza.

Y bajar, poner los pies en tierra, ser consciente de donde estás, que haces, hacia dónde vas y sentir que el empuje de la vida nos lleva por una senda, que a veces está marcada, pero que también somos nosotros dueños de nuestro propio camino, que nuestras decisiones marcarán

los caminos que también otros transitarán como suyos.

Gorreta de los Gabachos le llaman.

Y que importa el nombre.

 

Jesús Calvo Arbiol.

 Posted by at 5:41 pm