OKABE

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Jul 242017
 

La selva del Irati nos recibió primero con suaves nieblas que refrescaban el camino, para imbuirnos de su magia, para adornar los árboles, hacer más transitables los caminos en el caluroso verano, y que penetráramos en sus fauces. Y penetramos. Fuimos bosque armónico, enjambre de pies danzantes sobre la densa bruma, acuosos ojos sin visión lejana donde posar la mirada.

Fuimos presas perdidas en busca de horizontes de grandeza, pero la grandeza se escabulló entre rocas cercanas, helechos fugaces y un cielo que se adivinaba,  entre el gris monótono que fluía de entre las ramas, más allá de las hojas que se adivinaban verdes.

Apenas trinaban los pájaros, ni siquiera el sonido de las hojas al pisar pasaba a nuestros oídos, tan solo una calma densa, un vapor de agua que perlaba el pelo adornando las cabezas, las barbas, y la ropa.

Desde la cumbre del Okabe, otros días se divisan bosques espectaculares, míticos montes como el Ohry,  rebaños de ovejas pastando.  Pero no pudimos albergar en nuestros sentidos nada de todo eso. La densa niebla pobló de opaca claridad los alrededores y nos acompañó como un lamento íntimo hasta nuestro regreso.

Solo queda pensar que la vida nos dará otra oportunidad de contemplar en todo su esplendor ese bosque del Irati, esa cumbre del Okabe, esos paisajes escamoteados por la niebla.

 

Jesús Calvo Arbiol

 

 Posted by at 11:38 am

ANAYET

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Jul 202017
 

Hoy,  la luz de la mañana al incidir sobre las míticas montañas pirenaicas, me ha subyugado el espíritu,  me ha transportado en volandas hacia sus cumbres en busca de los paisajes más transparentes. El día perfecto para disfrutar, para posar la vista en derredor y sentir que poco somos en la inmensidad abrupta de cimas.

Pero somos algo más que pensamiento. Somos cuerpo, carne, materia que se va transformando. Hay  días que el organismo incide más que el intelecto, haciendo difícil lo que desde la razón parce fácil, llevadero.

Un peso intangible, además de la mochila, me atrapa y me empuja hacia abajo, haciendo muy pesado el camino, desdibujando la luz y los colores. Soy una losa que se mueve igual de lento que las montañas que me acompañan y la cima sigue lejos, perdida en la lejanía, golpeando con su dureza a este cuerpo que me acompaña.

Un conflicto se instala en mi interior. Un cuerpo que dice para. Un intelecto que dice sigue. El cansancio se pelea con el deseo. Y sigo; la razón, el pensamiento,  es más fuerte que el propio cuerpo.  Abandono la fatiga y me transporto a lomos del deseo hasta la cumbre del Anayet.

Ya he llegado y después de varias bocanadas de aire, de savia nueva, renace mi cuerpo y se ensambla en armonía con el pensamiento. Volvemos a ser uno y disfruto del momento.

Hoy la bajada ha sido un camino de rosas en comparación con la subida.

Hoy desde el placer de escribir sentado y relajado evoco el Anayet y miro con una sonrisa no solo el paisaje, sino el esfuerzo, el camino, el logro conseguido.

 

Jesús Calvo Arbiol

 Posted by at 7:25 am

MONCAYO

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Jul 082017
 

Hay montes que son algo más que una referencia, son leyenda en los sentidos, resonancias de los antepasados, icono repetitivo de los recuerdos nostálgicos de tus orígenes.

Monteagudo mira constantemente hacia el Moncayo y en mi mente siempre hay un pequeño resquicio lleno de las palabras Monteagudo y Moncayo.

Así qué era necesario a la vez que retador, subir hasta su cumbre y descubrir en la propia carne, todo el peso de ese remoto pasado.

Todo camino cambia en función de la meteorología y ese día, el sol se prestó desde el principio a acompañarnos por los senderos, y además a hacerlo de manera generosa, golpeando con un fervor veraniego en plena primavera.

Sorprendente resultó también el rumor de agua que sin principio conocido nos acompañó, mitigando el calor que emanaba tanto desde arriba como desde abajo.  La tierra bullía al compás de la energía que irradiaba desde lo alto.

Con estas mimbres, mejor tomarse el trayecto con relajo, la importancia está en llegar, sin importar cuando.

Y al llegar, inundamos los ojos de imágenes hasta el infinito. Estos son los dominios, los lugares que forjaron el carácter de los antepasados, el contacto con una naturaleza rugosa, quebrada, salpicada de llanos donde practicar y desarrollar la agricultura.

Visto desde la cumbre, y con el sol golpeando con fuerza, uno entiende porqué emigraron hacia otros lugares, donde el futuro trazara caminos más suaves y sosegados, más propicios para la vida, que estos ardientes y desolados parajes.

 

Jesús Calvo Arbiol

 Posted by at 9:52 am

SAN LORENZO (CUCULLA)

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Jul 042017
 

Todas las previsiones eran optimistas. Cielos despejados para ascender hacia la segunda cumbre del sistema Ibérico. Pero los negros nubarrones salpicaban con su melancólico color, el abatimiento, la desgana.

Cuando pones todo tu empeño en subir, en acercarte hasta el límpido cielo, que las brumas te lo impidan produce una tristeza especial en el montañero.

De repente, fuertes ráfagas de aire iban borrando, limpiando de nubes el camino.

Como no adivinar que casi nos borran a nosotros también, dejando una cumbre limpia de nubes y de personas.

Siempre después de la tempestad vuelve la calma, y la calma nos trasladó por caminos suaves y ligeros, alfombrados algunos y terrosos otros, llenos de armonía arbórea, rumores de aguas bajando por inusitados barrancales, serenas veredas donde en recodos ocultos uno se ve como el único caminante, se siente alejado, compartiendo con los susurros del bosque, la soledad sonora y vibrante. La vida como parte de un todo.

Y por fin, la recompensa de la llegada. El final del camino, el logro de haber realizado con soltura una vez más, el trayecto.

Que poco necesitamos para la felicidad. Tan solo un poco de luz, un buen camino y una compañía que esté cerca, para poder mirar las cosas desde una perspectiva personal, sin estar completamente solos.

 

Jesús Calvo Arbiol

 

 

 

 Posted by at 9:28 am

Gorreta de los Gabachos

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Jul 012017
 

 

Un día más, bajar del autobús y dirigir los pasos hacia la cumbre.

Gorreta de los Gabachos le llaman, más qué importa el nombre, la altitud, la distancia.

El camino y sus vicisitudes, la contemplación de la naturaleza, el sentimiento del cuerpo ante la dificultad que uno enfrenta. Esa es la actitud, la meta no está en la cumbre, siempre hay que bajarla, la meta está en llegar pleno de sensaciones y disfrutarlas, incluso algunas veces sufrirlas. No todas las travesías son caminos de rosas, o de bosques frondosos donde el tiempo y la distancia se detienen, hay caminos pedregosos que carcomen la vista, espinas que penetran y castigan el organismo, pesadas situaciones en las que tu rabia vomita palabras malsonantes.

Pero en la balanza siempre predomina el regocijo. Cada vez que paras para tomar aliento y lo que tomas además es la consciencia de lo que has logrado, de donde estas, de qué eres en comparación con lo que la vista te regala. Y lo que promete el más allá, esa cima que se divisa cercana, entre difusas nubes o claros luminosos, entre brumas nostálgicas, bajo un sol radiante que dejará que tus ojos se posen sobre la maravilla de la naturaleza.

Y bajar, poner los pies en tierra, ser consciente de donde estás, que haces, hacia dónde vas y sentir que el empuje de la vida nos lleva por una senda, que a veces está marcada, pero que también somos nosotros dueños de nuestro propio camino, que nuestras decisiones marcarán

los caminos que también otros transitarán como suyos.

Gorreta de los Gabachos le llaman.

Y que importa el nombre.

 

Jesús Calvo Arbiol.

 Posted by at 5:41 pm